El mundo se acaba. El oxígeno se nos va, el sol nos quiere atravesar por completo.
El mundo no vive de sonrisas, pero parece que las calles se inundan de lágrimas.
¡Corre! El concepto falso de felicidad se te escapa. Como si no quisiera que creyeras en él.
¡Corre! Esa idea errónea se va y tú no estás haciendo lo suficiente para nutrir tu infelicidad.
¿No estás cansado ya de correr? Cánsate. Deja que se vaya.
Ve a tu casa y escóndete debajo de la cama, este 14 de febrero, el consumismo quiere acabar con todos. Está acabando conmigo. Me esconderé en mis recuerdos, en mis colores. Un mundo que no se va a acabar.
Quédate. Quédate aquí. Hagámonos pedasitos. Destruyámonos. Quiero luchar por volverme a formar otra vez, desde el principio. Tú y yo. Tú conmigo. Yo conmigo. Ella contigo.
Quiero pintar mis recuerdos de azul. Quiero pintar tu corazón de verde. Quiero pintar mi cuerpo de rojo.
Me pasé toda esa tarde buscando una canción para los dos. Esa tarde te fuiste. Me dejaste escribiendo nuestra canción.
-El mundo se acaba- Me dijiste.
Olvidaste despedirte de mí, olvidaste besarme antes de marchar.
Olvidaste llevarte tus sonrisas anaranjadas, tus miradas color rosa.
El amor no se acaba.
Tú y yo nos acabamos. El mundo se acaba.
Las palabras no se acaban.
Los colores se acaban. Mi taza de café se acaba. Este cigarrillo se acaba.
El amor no se acaba.
Acabaste conmigo. Acabaste con mi canción.
Acabaste con nosotros.
El amor no se acaba.
-El amor no se acaba- Te respondí.
Suspiraste, te fuiste, acabaste.